viernes, 6 de noviembre de 2015

Sierra del Aramo: Gamonal, Monrasiellu, La Calza y Moncuevu

Salida y llegada: Aparcamiento del Angliru (concejo de Riosa)
Distancia: 10,3 km
Duración: 4:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 760 m
Altura Inicial: 1548 m
Altura máxima: 1718 m
Fecha de realización: 1/XI/2015
Dificultad: baja
Track de la ruta


Esta vez tocó hacer una ruta mañanera. A las 9:15 llegamos al amplio aparcamiento del Angliru (1548 m) a poco más de una hora en coche de Gijón. Me proponía crestear hacia el norte la Sierra del Aramo para regresar por el Toyu la Veguellina y la carretera. Al final, como me sobró tiempo, subí por la ladera sur a la cima de mi pico favorito en esta sierra: el Moncuevu.
Gamonal desde el aparcamiento del Angliru. Por delante el Valle Xiniestru.

Dejando a la espalda (al sur) el Moncuevu bajamos al Valle Xiniestru (al norte) en la base de la Gamonal. Unos caballos pacen la hierba fresca de la hondonada mientras acometemos la remontada por la empinada ladera sur de La Gamonal a la vez que nos escoramos a la izquierda por un sendero que en media hora nos deja en la cima (1710 m). Un buzón de montaña en forma de hórreo, un vértice geodésico y unos paneles solares que sirven de sustento a una antena, rellenan la alomada cumbre. Y la vista se extiende al norte hasta el mar, al sur hasta las Ubiñas, al este se alcanzan a ver los Picos de Europa y al oeste la Sierra de la Manteca y la de Tineo. Paramos unos minutos para disfrutar de estas vistas y fotografiarlas.
Desde la Gamonal: cresta norte de la Sierra con el Monrasiellu y La Calza. A la derecha sobresale La Mostayal.

Proseguimos la ruta bajando del escalón cimero norte por una canal situada detrás de la antena y continuamos por la empinada pradera que baja hasta la Collada Bermiellu (Bermejo) que separa La Gamonal del Monrasiellu. En tiempo debió existir aquí una lagunilla de la que hoy no queda ni rastro.
        La arista sur de esta pequeña montaña presenta un crestón kárstico que rodeamos por una franja de hierba situada a la derecha (al este). Una vez superado el tramo más escabroso, remontamos hacia la cumbrera y damos unos pasos por ella hasta alcanzar la cima donde encontramos un buzón de montaña en forma de caja cuadrada negra. Las vistas son similares a las de la Gamonal.
Vista atrás desde el Monrasiellu con La Gamonal al fondo. A la izquierda vemos el Barriscal y el Gamoniteiro.

Desde el Monrasiellu hacia el norte: Pico La Calza (la senda de subida se aprecia con claridad). A la derecha se ve la cima de La Mostayal.

Continuamos por la misma arista, que ahora no ofrece dificultad, hasta la base del siguiente montículo, La Calza. La rocosa arista sur no permite un fácil caminar y por ello continuamos por la senda que recorre la breve vaguada herbosa que la rodea en ascenso por la izquierda. En el punto más alto remontamos a la cumbrera y unos pasos por ella nos dejan en esta modesta cima adornada con un pequeño buzón de montaña blanco en forma de cohete.
Vista hacia atrás desde La Calza: paisaje caótico de su cima; por detrás el Monrasiellu y, al fondo, queda muy atrás La Gamonal y la derecha el Moncuevu.

Otra corta parada y continuamos hacia el norte en suave descenso hasta un montículo (Pico Garma) sin entidad pero señalado con un hito de piedras y unas vistas espléndidas hacia la hermosa majada de Fontazán y sus praderas situadas sobre el escalón norte de la Sierra del Aramo. Los picos Tambarón y Carralina los cierran por el oeste y el este respectivamente, mientras que por el norte baja la canal de Fontazán que permite su acceso desde el collado Pan de la Forca y la aldea de La Vara.
Desde el pico Garma: A la izda la Vega de Fontazán, por detrás de La Carralina vemos La Mostayal y a la derecha el Embalse de los Alfilorios.

Para regresar al Angliru, desandamos unos metros hasta la base de La Calza y descendemos hacia el este para rodear por ese lado las tres montañas coronadas. Es una zona caótica con hondonadas, “jous”, crestones, “porrus”,… en la que no conviene aventurarse con niebla sin un buen sistema de orientación. Buscando las zonas menos agrestes, rodeando algunos hoyos, bajando y subiendo, nos dirigimos al sur. A la altura del Monrasiellu, encontramos una senda que desciende por una canal hasta el Toyu La Veguellina donde hay un gran depósito de agua con capacidad para un millón y medio de metros cúbicos de agua construido en 1.991 para abastecer los abrevaderos de la zona.
Vista de la Gamonal desde Toyu Tapinos.

Estamos en la base oriental de la gran mole de la Gamonal. Desde aquí se puede alcanzar su cima subiendo por la empinada y herbosa ladera. Y hasta aquí que llega un camino ancho con un par de tramos hormigonados que viene de la carretera para dar servicio al depósito. Lo seguimos. Tras un corto tramo de subida, en el llano, surge a la izquierda la pradera con una cabaña restaurada: Toyu Tapinos. Un poco más adelante el camino desemboca en la carretera a la altura de Cuenya La Casa.
Toyu Tapinos

El último repecho de la carretera de subida al Angliru nos deja en el llano donde encontramos a la izquierda un mirador con una desvaído panel de señalización y a la derecha la Vega de Ovia. El tramo de carretera hasta el aparcamiento tiene menos de un kilómetro y enseguida completamos el circuito.

Aún no es mediodía y la ruta se ha hecho corta. Decido ir al Moncuevu. En otras entradas de este blog he descrito la subida por las laderas norte y suroeste y las bajadas por la sur y la noroeste. En realidad el tramo final se hace siempre por el norte o por el sur.
Llegando al aparcamiento del Angliru con el Moncuevu al fondo.

Cruzamos el amplio aparcamiento y seguimos el camino hacia el sur que lleva a la Vega Barrera y a la Braña de Vallongo, continuando más abajo hasta las amplias vegas de El Cotarón, Cueto Ferreiru y Cobachos y las brañas próximas a la Ermita del Alba.
           Llegando a La Barrera, cuando el camino gira bruscamente a la izquierda, cogemos la senda de la derecha (oeste) que cruza una breve franja de hierba subiendo por la pedregosa ladera hasta alcanzar el lomo que baja del Moncuevu por el sur. Este accidente geográfico continúa en esa dirección hasta el pico Vallongo y separa los pastizales de Covachos al oeste y los de Teicieyu al este. Al llegar al citado lomo encontramos una doble alambrada de espino que superamos, virando después al norte hacia la empinada ladera del Moncuevu.
Ladera suroriental del Moncuevu. La senda va por la izquierda.

Acometemos la panda con la ayuda de una senda hitada que enseguida nos encumbra en esta magnífica cima adornada con una silueta en acero cor-ten que representa a un montañero en plena ascensión. Paramos unos minutos para disfrutar de las magníficas vistas, hacer unas fotos y comer una manzana.

Vista norte desde el Moncuevu. La Gamonal y el Monrawiellu (detrás) está a la izquierda. El aparcamiento del Angliru se ve en el centro.

Lago o embalse de Fonpedrín una vez que hemos bajado por la Cuesta Moncuevu.

Descendemos por la ladera norte y, en la base de la peña, dudamos si rodear las peñas que cierran el frente norte por la derecha o por la izquierda. Optamos por la segunda opción y descendemos por la empinada Cuesta Moncuevu con un primer tramo pedregoso y otro de hierba. Para hacerlo un poco más suave, nos escoramos a la izquierda hasta enlazar con la senda que viene del Lago de Fonpedrín. Seguimos por ella y rodeamos la Peña del Arandanal por el precioso valle. Un cómodo paseo y una pequeña remontada nos dejan de nuevo en el aparcamiento del Angliru.

Lorenzo Sánchez Velázquez

sábado, 31 de octubre de 2015

Corteguerón. Circular desde Caleao

Salida y llegada: Caleao en el concejo de Caso
Distancia: 24,3 km
Duración: 8:00 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 1450 m
Altura Inicial: 670 m
Altura máxima: 1884 m
Fecha de realización: 24/X/2015
Dificultad: media-alta
Track de la ruta




El camino más corto y cómodo para subir al Corteguerón parte del Puerto de San Isidro y sigue la pista del “Camino Wamba” hasta el Collado Acebal de donde arranca un sendero que va al lago Ubales y, más allá, al otro collado Acebal y a la cima más alta de la Sierra de Corteguero.

En esta ocasión decidimos alcanzar la cumbre partiendo de la aldea casina de Calea (Caliao). Es una ruta mucho más exigente pero nos va permitir disfrutar del Desfiladero de los Arrudos en otoño y de las recónditas majadas y bosques que cubren la ladera norte de la Sierra de Corteguero. En la subida seguiremos fielmente la ruta PR AS-61 2 “Ruta de los Arrudos” y en la bajada, en lugar de seguir el itinerario previsto en la ruta por la pista que baja a La Encrucijada, tomaremos una senda que nos llevará por las majadas Carricera, Vallegu, Castiellu y Cerveriza.
Caleao (Caliao). Al fondo la alargarda cresta del pico Riegos y la canal de Puro Cabrero

Llegamos a Caleo y dejamos el coche en el amplio aparcamiento que hay junto a la Ermita de San Antonio. El camino por la Foz de los Arrudos, como siempre, espectacular y más en estos días del otoño cuando el hayedo se cubre con sus mejores galas. El camino cruza y descruza el Arroyo de los Arrudos por los puentes Riafresno, Corones, Agualmayo y Fumiosa mientras, a ambos lado del camino ancho, van quedando prados y cabañas arregladas.

Cruzando el arroyo de los Arrudos por el puente Corones.

Alcanzamos el desfiladero de los Arrudos y el camino gana altura mediante tramos de escalera y vuelve a cruzar el arroyo por los puentes Calabaza de Abajo y Calabaza de Arriba que nos dejan definitivamente en la margen izquierda. Enseguida llegamos a la fuente de La Fontona donde se inicia la canalización de aguas para el abastecimiento parcial de Gijón.


Tramos de escalera permiten superar el desfiladero de los Arrudos.

Puente Calabaza de Abajo que cruza a la margen derecha en el desfiladero de los Arrudos.

El hayedo en los Arrudos una vez pasada La Fuentona.

El hayedo está espectacular. En suave y continua subida avanzamos inmersos en el frondoso bosque en paralelo al arroyo. Cruzamos el Arroyo la Acebal y, al salir de la arboleda, alcanzamos la antigua majada Roxecu de la que no quedan más que las ruinas de unas pocas cabañas.
Lo poco queda de la majada de Roxecu.

La senda cruza el arroyo de Roxecu que hace honor a su nombre y continúa desbrozado hasta la majada de Llede donde lo descruzamos para alcanzar las cabañas de la margen izquierda. La vista del pico Torres hacia poniente es espectacular desde esta majada. Más arriba encontramos la majada de Los Moyones con una cabaña en uso y las demás en ruina. Extensos pastos sirven a unas pocas vacas cenizas (por el color de su piel).
Majada de Llede con la Sierra de Corteguero al fondo.

Vista del pico Torres, entre otros, desde la majada de Llede.
Majada de Los Moyones con el collado Acebal al fondo.

La senda gira al este y asciende desbrozada al collado Acebal. La vista se abre hacia el este entre el Tiatordos y el Cascayón. Vemos el Maciédome, Peña Ten, etc. A nuestra espalda ha quedado la cuerda que va desde el Torres al cercano Cascayón.

El lago Ubales queda cerca pero vamos justos de tiempo y la ruta es larga. Una senda sale entre el brezo y las escobas que sube al bies por la ladera occidental de la sierra hasta alcanzar la cumbrera. Unos pasos por ella nos dejan en la cima del Cascayón donde paramos a reponer fuerzas.
La Sierra de Brañapiñueli desde la de Corteguero. Al fondo está, entre nubes, el Tiatordos y a la derecha, fuera de la foto, el Maciédome.


Desde el Corteguerón en 2012: Collado de la Canalina y Sierra de Brañapiñueli. Al Fondo Campigüeños, Tiatordos, Picos de Europa y Maciédome

Sigue la panorámico oriental: después del Maciédome vemos Pileñes y Ten; y por delante la Sierra de Pries con el Cantu'l Osu.

Desde el collado previo a la cumbre han desbrozado una senda que baja a la Collá de la Canalina. Nosotros bajamos por la sendilla de la arista nororiental tapizada de brezo y arándanos si llegar a la pista. (Por la Collá pasa la pista que viene de La Encrucijada y baja por un ramal a la Majada Merecueria y por otro sube al Collado Acebal avanzando después por el “Camino Wamba” hasta San Isidro).

Bajando al collado La Canalina. A la derecha se ve la senda desbrozada a la que aludimos en el texto.

Aprovechando las zonas despejadas, continuamos descendiendo hacia el oeste faldeando la sierra de Corteguero hasta llegar a la Mayada la Carricera con una sola cabaña en pie y los muros de las demás en el suelo; tiene abundantes pastos. Seguimos bajando ahora hacia el norte hasta la Mayada Bayegu con algunas cabañas en uso y tejados negros de goma. Cerca pasa la Riega les Campes con un precioso bosque de ribera. Aquí enlazamos con una senda que nos lleva hacia el oeste donde se impone la vista del agudo Castiello; mientras, a la derecha, al otro lado de la riega, el pico Los Argayos con sus cuevas va quedando atrás.

Mayada la Carricera.

Mayada Bayegu.

Cruzamos otro reguero y subimos levemente al collado Castiello a los pies del mismo pico. Encontramos una solitaria y pequeña cabaña. Hay una senda que rodea el pico por la derecha, y baja por el reguero Les Campes hasta la Vega de Cándano y, más allá, a la pista de los Arrudos. La obviamos y seguimos hacia el oeste bajando al Valle la Ramada en cuya ladera encontramos las cabañas de la Mayada Castiellu.
Pico Castiellu. El collado Castiellu está a la izquierda de la foto y en él se aprecia una solitaria cabaña.



Bajando al Valle de La Ramada después del collado Castiellu.

La tarde se ve echando encima y aun queda bastante por caminar. La senda baja a la riega de La Ramada y sube después duramente hasta alcanzar el breve collado Cobo en la base del pico homónimo donde nos reencontramos con el hayedo. En este tramo, la senda está algo cerrada por la vegetación rastrera pero se sigue bien.
     

Pico Cobo y Collado Cobo.

En el hayedo, las abundantes hojas caídas tapan el sendero y lo perdemos. Debemos continuar haciendo uso del GPS. La ladera tiene bastante inclinación y sin bajar demasiado nos encaminamos hacia una riega donde la reencontramos y nos lleva hasta el collado Coipo a los pies del pico del mismo nombre.

Estos remotos lugares son intrincados y hermosos, no conviene adentrarse en ellos en caso de niebla si no se dispone de un buen sistema de orientación. Ni en el collado anterior ni en este debemos tirar monte abajo; en ambos hay descender escorándose a la izquierda. La senda nos lleva al Arroyo las Campas y lo cruza. Pero, al ver cerca las cabañas de La Cerveriza al otro lado de la riega, la cruzamos creyendo que nos llevará a la majada. Sin embargo, nos aleja del trazado de la ruta. Debemos desandar el camino por otra senda que nos devuelve a la riega unos metros más abajo. La maniobra se ve con claridad en el trazado de la ruta en el mapa. Para alcanzar las cabañas de La Cerveriza, habría sido más sencillo bajar unos metros por la citada riega. Incluso mejor habría sido bajar directos desde el collado Coipo para salir enseguida del bosque a una zona de pradera que baja a la riega y a las cabañas.
Por el hayedo entre los collados Cobo y Coipo.

De La Cerveriza arranca un camino ancho que se adentra en el precioso hayedo y nos permite descender con rapidez. Bajo el cobijo de la arboleda donde encontramos un extraordinario ejemplar de arce, descendemos rápidamente; son las 6 de la tarde pero el día nublado y la umbría nos dejan a media luz sin posibilidad de hacer buenas fotos y eso que el hayedo está en su mejor momento de color.

El camino sigue el arroyo de Las Campas, cruza un prado y nos deja, más abajo, en la arreglada majada de Casas Abajo. Poco más adelante está hormigonado y desemboca en el camino de los Arrudos muy cerca del puente Los Campos. Desandamos un par de kilómetros por la ruta hormigonada de los Arrudos y regresamos a Caleao junto a la ermita de San Antonio.

Lorenzo Sánchez Velázquez

miércoles, 21 de octubre de 2015

Ruta del Silencio. Los Oscos

Perfil de la ruta
Salida y llegada: San Cristóbal en Villanueva de Oscos
Distancia: 13,8 km
Duración: 4:30 h (sin contar paradas)
Subidas acumuladas: 750 m
Altura Inicial: 751 m
Altura máxima: 822 m
Fecha de realización: octubre de 2015
Dificultad: baja
Track de la ruta



Mapa de la ruta
 Cerca de Villanueva de Oscos se encuentra el Monte de la Bobia que cubre el hermoso valle regado por río Ahío (algunos mapas lo llaman Río de la Bobia). Entre la abundante vegetación arbórea encontramos bosques de castaños, de robles y hasta de madroños con presencia también de alisos, olmos, avellanos, abedules, servales y acebos. Los musgos espesos cubren las murias de antiguas fincas y los corros o “corripas” donde se almacenaban los erizos de las castañas y algunos truébanos (colmenas construidas tradicionalmente en un tronco vacío) dan fe de los usos de otros tiempos; algunas aldeas en ruina (Mourelle, El Brusquete) nos informan de poblaciones que mudaron la dureza de estos valles por otras vidas. Por este precioso valle discurre la ruta PR AS-209 “Ruta del Silencio” que en el otoño nos sumerge en otro mundo mitad antiguo mitad mágico.
Entrando en San Cristóbal (Sancristobo).

Elegimos esta ruta otoñal para dar cauce a las expectativas montañeras de los miembros de la Comunidad Educativa del IES Rosario de Acuña de Gijón que se organizan trimestralmente. Nos acercamos a San Cristóbal (San Cristobo) por una estrecha carretera que sale de la AS-13 dos kilómetros después de cruzar el puerto de La Garganta en plena comarca de Los Oscos en el occidente de Asturias. La citada carretera se coge entre dos casas después del desvío hacia Penacoba.
Hórreo y vivienda en San Cristóbal.

Dejamos los coches en un camino que sale a la izquierda en la última curva antes de llegar a la aldea, justo donde un panel con necesidad de reposición nos informa de algunos pormenores de la ruta, de San Cristóbal y de las vicisitudes de algunos de sus habitantes durante la Guerra Civil, entre otras cosas.
Iglesia de San Cristobo.

Comenzamos la caminata cruzando la aldea; unas casas están en ruina y otras han sido restauradas recientemente pero todas conservan su antigua hechura y nos sumergen en otros tiempos. Dejamos a la izquierda un magnífico hórreo al lado de una estrecha y bella casa de tres plantas (la inferior sería la cuadra y en las dos superiores estarían destinadas a vivienda) y más abajo, a la salida, encontramos la pequeña iglesia de San Cristobo perfectamente integrada en el pueblo; la arquitectura popular utiliza lo que tiene a mano y aquí reina la pizarra.
Por el bosque de castaños.

Sumergido en un bosque de castaños, el camino desciende dando varias revueltas y cruza dos arroyos hasta encontrar el río Ahío. Seguimos por su margen izquierda y dejamos atrás pequeñas cascadas y pozas y las ruinas de un antiguo molino, siempre bajo los castaños y los robles, hasta alcanzar el puente de piedra que lo cruza.
Puente sobre el río Ahío

Restos de un corro o "corripa" donde se almacenaban los erizos con las castañas.

Pozas y cascadas cercanas al Molín de Mourelle.

Enseguida encontramos los restos del antiguo Molin de Mourelle y, más adelante, al comenzar la subida, aparecen los madroños: al principio son ejemplares solitarios pero, más arriba, cerca de la abandonada aldea de Mourelle, forman un bosquete en la ladera derecha.

Vivienda en ruinas en la aldea de Mourelle

En este punto, la senda ha desembocado en una pista maderera y los pinos cubren las zonas más altas de la sierra. La fuerte subida no da respiro y alcanza la cota de los 800 metros al dar una aguda revuelta a la derecha. Aquí dejamos la pista subir hasta la cumbrera de la sierra donde se encuentra la abandonada mina de La Excomulgada (me gustaría saber el origen de este nombre que sugiere una historia edificante; ¡qué debieron hacer la mina, el dueño o la dueña para que los excomulgaran!) y seguimos de frente por un camino que lleva la dirección del cercano pico Ballongo.
Pico Ballongo.

Al girar el camino a la derecha, tomamos la sendilla que, en unos metros, nos deja en la modesta cumbre. Merece la pena asomarse a su vertical ladera occidental que nos ofrece el valle del Ahío por donde hemos transitado y la zona que nos queda por descubrir. El manto arbóreo otoñal da una amplia y hermosa riqueza cromática que impresiona.
Desde el pico Ballongo: el Monte de Bobia cubre las laderas de la sierra homónima y por el fondo del valle discurre el río Ahío.

Regresamos al camino que ahora desciende y faldea a media ladera permitiéndonos continuar con el disfrute del hermoso valle para, al final, cruzar la Rega do Calvario. Accedemos a otra pista que sube y llanea entre algunas plantaciones antiguas de pinos y nos deja en la abandonada aldea de El Brusquete. Algunas casas están en ruina pero hay una que aún se utiliza pues le llega una manguera con grifo. En este punto paramos a comer.
Aldea de Brusquete.

Después de reponer fuerzas, reanudamos la marcha bordeando por el sur la Sierra de la Bobia. La pista finaliza enseguida y debemos continuar por una senda que va a descender al fondo del valle. De nuevo nos sumergirnos bajo el manto arbóreo de los robles. La bajada aquí es más pronunciada y en algunos tramos se han colocado unas cuerdas para facilitar el descenso pero resultan innecesarias si el terreno no está mojado; el camino es ancho, la inclinación no es tanta  y los escalones ayudan.
Cascada de Celón.

Escalones y una cuerda de seguridad en el tramo más inclinado del camino.


Rústico puente sobre el río Ahio o de  La Bobia
 
Una indicación nos desvía por un estrecho sendero hacia la cercana, hermosa y pequeña Cascada de Celón que forma el Arroyo de la Carriza. Hay que seguirlo con cuidado si está mojado. Retomamos el camino principal y continuamos el descenso (hay otro tramo de cuerdas y escalones) hasta cruzar el Arroyo de la Carriza. Al poco cruzamos también el río Ahío por un rústico puente de madera y encontramos, al otro lado, el desvío a la Cascada del Picón. Son unos 300 metros por una senda con algún paso algo delicado.

Cascada del Picón.

Regresamos al camino principal que sigue un corto tramo en paralelo al río bajo la densa protección de robles y castaños. De nuevo tenemos la sensación de estar en un cuento de hadas: musgos, regatos y bosques umbríos. El camino da un par de revueltas y gana altura rápidamente avanzado hacia el sur. Superada A Pasada das Abrairas, asciende por encima del bosque rodeando por el este la peña de A Peñagorda que veíamos desde el otro lado del valle.


Paisaje de cuento.

Truébano al borde del camino.


Llegando a San Cristóbal.

Un poco más adelante, después de un recodo donde el camino está armado para superar un crestón rocoso, vemos las casas de San Cristóbal y el magnífico bosque que nos ha acogido; tenemos unas vistas formidables de todo el recorrido. No queda más que cruzar un reguero y alcanzar el camino donde dejamos aparcados los vehículos a la entrada del pueblo. 

Lorenzo Sánchez Velázquez