miércoles, 5 de noviembre de 2014

Peña Mora, Peña Negra y Peña Prieta. Circular desde Polvoredo

Salida y llegada: Polvoredo (Municipio de Burón, en León) 
Distancia: 19,3 km
Duración: 6:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas:
1030 m 
Altura Inicial y Final:
1200 m 
Altura máxima:
1882 m 
Fecha de realización:
1/XI/2014
Dificultad:
media
Track de la ruta






Iglesia de San Pedro (Polvoredo)
Notas:
1ª. Parece ser que la toponimia que figura en los mapas topográficos de esta región está bastante equivocada y por ello hemos empleado la de algunos libros y páginas Web de autores conocedores de la zona. Así, la cumbre que en los topográficos llaman Cerro del Porro en realidad se llama Peña Negra (1849 m), nombre que justifica su tonalidad, y el Cerro el Porro sería un montículo herboso (un cerro) situado más al este y que será el último monte que subamos en esta jornada. El que en los mapas llaman Peña Negra, sería Peña Prieta (1718 m). Finalmente lo que en estos mapas llaman collada Jian, es la collada de La Redre situada bajo la solitaria peña del mismo nombre, a la que no subiremos.

2ª. También encuentro discrepancias en los nombres de los ríos. La enciclopedia Wikipedia dice: “A Polvoredo arriban dos ríos, el Calveto y el Grande, también llamado de la Puerta. A la salida del pueblo, estos se juntan en el Bijorco y a partir de ahí, funden sus aguas para ir, carretera abajo, a desembocar en el Esla y tributarlas al pantano de Riaño”. Entiendo entonces que el río Calveto es el que en los mapas llaman río de la Alguera que nace en los Campos de María.


Llegando al cruce de caminos de los Campos de María. Al fondo a la dcha Peña Ten.

Comienzo y fin de la ruta
           Polvoredo en una pedanía que pertenece al municipio de Burón en León y está dentro del Parque Natural de los Picos de Europa. Situada en el valle de Hornedo, ramal del de Valdeburón, se encuentra en un desvío de la carretera C-635 que comunica el puerto de Tarna con Riaño a su paso por Lario. Aldea bien conservada, con casas arregladas y una iglesia recientemente restaurada dedicada a San Pedro que conserva un libro de 1566 por lo que la primitiva y pequeña iglesia debería ser anterior. Se amplió en 1610 y se remodeló en 1966. Desde fuera llama la atención su hermosa espadaña con 3 campanas.

Descripción
Preparamos la ruta con varias alternativas de bajada en función de las condiciones meteorológicas pues las previsiones daban lluvia al comienzo de la tarde. El objetivo principal consistía en subir a Peña Mora por el Valle de Carcedo siguiendo el camino que lleva a Arcenorio y, después, crestear las siguientes cumbres en dirección este (Peña Negra, Peña Prieta y Cerro del Porro) bajando, en función del tiempo, bien por los valles de Villahormas y Muñenes o bien por el de Becenes, desandando el Camino de Pío.

Cabaña Arenera en la subida al puerto de la Fonfría.

Comenzamos pues la caminata siguiendo la calle más occidental de la aldea que es continuación de la carretera de acceso. Al final del pueblo dejamos la calle asfaltada que se desvía a la derecha y seguimos por un camino ancho de tierra que va de frente. Unos metros más adelante, la pista se bifurca: el ramal de la izquierda cruza el río, mientras que el otro, por el que seguimos, se desvía a la derecha. Se trata del Camino de Arcenorio que discurre la margen izquierda del río Calveto o de la Alguera y lleva, después de atravesar los puertos de la Fonfría y el Canal del Focicu, a las praderas y ermita de Arcenorio. A este hermoso valle hemos llegado en otras ocasiones desde las aldeas de Pío y La Uña o desde Ventaniella en las rutas de ascenso a Peña Ten y Pileñes. El camino, en ligera subida, discurre entre prados con abundante ganado y más arriba, en la Majada de los Campos de María, converge con el que viene de La Uña. donde continúan los extensos y ricos pastos.


Desde Peña Corbas: Peña Mora, Peña Negra y Peña Prieta.

Pasada la majada, nos adentramos en el valle del río Carcedo entre hayas otoñales. Al poco, tomamos un desvío a la izquierda para cruzar el río y continuar definitivamente por la margen derecha. Una revuelta a la izquierda y otra a la derecha nos permiten ganar algo de altura y alcanzar los Portales de Carcedo donde hay un gran establo de reciente factura. Más adelante, superamos las empinadas laderas cubiertas de matorral de brezo y escoba, mediante varias revueltas, dejando a la derecha la pequeña Cabaña Arenera, para alcanzar, al final, el puerto de Fonfría a los pies de Peña Ten. Su imponente mole nos ha acompañado casi desde el principio, pero ahora, a sus pies, impresiona su enormidad.
 
Panorámica noroccidental desde Peña Mora: Penas Ten y Pileñes, Tiatordos y los gemelos Pico Zorru y Luengu. A la dcha El Rasu.

Continuación de la panorámica: las cimas del Pierzu y el Carriá salen por encima de las nubes;  por delante, Sen de los Mulos y Peña Subes; a la derecha Niajo y Pozalón y por detrás los Picos de Europa.

En lugar de avanzar por el puerto hacia los extensos pastizales de La Vegadona, en Asturias, continuamos por la vallina que se nos ofrece a la derecha por terreno leonés, dejando a la izquierda la cresta que nos separa de La Vegadona. Alcanzamos así lo más alto de la citada cresta en una peña que las ortofotos asturianas etiquetan como Peña Corbas, mientras que los topográficos utilizan este nombre para designar otra de más entidad situada al otro lado del puerto de la Fonfría. A nuestros pies, los pastos de La Vegadona dan paso al Canal del Focicu que comunica con el Valle de Arcenorio. El frente norte está dominado por Peña Ten y Pileñes, más lejos encontramos el Colláu Zorru, la Sierra del Torbenu (Sen de los Mulos, Peña Subes), los picos Niajo y Pozalón, Picos de Europa, etc. A la derecha, al este, las cimas de Peña Mora, Peña Negra y Peña Prieta nos esperan.

Vista de Peña Negra y senda de subida, desde el collado de Valdemagán.

Siguiendo la cuerda de la sierra continuamos hacia el este por la cresta de Peña Mora cuya cima occidental y más alta alcanzamos enseguida. Paramos un poco para disfrutar de las impresionantes vistas que nos ofrece en todas las direcciones y, acto seguido, bajamos a la collada que divide sus dos cimas. No subimos a la oriental, más abrupta aunque más baja, para continuar el descenso por la ladera meridional cubierta por el brezo bajo hasta una pequeña collada separada de la de Valdemagán por una gran peña. La rodeamos por la izquierda, descendiendo un buen tramo y alcanzamos la Collada de Valdemagán de donde sale una senda que se dirige a Peña Negra. Antes debemos rodear otro gran peñasco negruzco por la derecha sin sendero alguno.

Desde Peña Negra hacia el este: Pozúa (a su izda Gildar y Cebolleda) y Sierra de Pármede (por delante Peña Negra). Abajo, a la derecha, comienzo del Valle Muñenes.

Dejamos algunos hitos para facilitar el paso y continuamos la ascensión por la cresta occidental de Peña Negra hasta alcanzar la cima que está señalada con un montón de piedras. El Valle de Valdemagán, surcado por el arroyo de Tronceda, se extiende hacia el noreste dando lugar al río Zalambral que baja al Sella pasando por la aldea de Pío. Al norte, arranca  el hermoso valle de Muñenes que baja a Polvoredo. Descendemos por la empinada cresta suroriental siguiendo una senda hasta alcanzar la Collada la Boya o Bujarredo que separa Peña Negra de Peña Prieta. La senda rodea esta última por el sur y se encamina hacia El Porro, al este. Pero nuestro siguiente objetivo, Peña Prieta, no tiene ninguna senda de subida a la vista.

Vista atrás desde Peña Negra: Peña Ten, Pileñes y las dos cimas de Peña Mora. Collado de Valdemagán en el centro.

Del grupo, algunos ascienden por la ladera occidental, otros rodeamos el crestón meridional para subir por las rocas intentando evitar sin éxito el tupido brezal que cubre todas las laderas. Habría sido más sencillo seguir rodeando la montaña y subir por la suroriental que está algo más despejada. Desde la cima las vistas sobre el valle de Valdemagan son mejores, alcanzándose a ver Pío y Oseja de Salajambre. Echamos la vista atrás y encontramos la afilada cresta de Peña Negra por la que hemos bajado y los verticales cantiles de Peña Mora oriental.

Peña Prieta desde el collado La Boya.

Peña Negra desde Peña Prieta.

Desde el cerro El Porro echamos la vista atrás: Peña Negra a la izda, Peña Prieta a la dcha y entre ambas, al fondo, Peña Mora.

Descendemos por la ladera sur para rodear después, también por el sur, el peñasco de La Redre y  alcanzar así el collado del mismo nombre que los mapas topográficos llaman Jian. Hemos recuperado el sendero que se adentra ahora en el joven hayedo y sube a una colina herbosa llamada El Porro (Monte Ricayo o Pando Becenes, según los citados mapas). La senda desciende ahora entre el matorral de brezo y escoba hasta las praderas que suben al collado de la Puerta de Zalambral, que dejamos a la izquierda. Siguiendo una senda paralela a la riega que baja del citado collado, nos dirigimos al este para enlazar con la pista, una vez cruzado el regato o Río Becenes. Esta pista constituye el antiguo Camino de Pío y transcurre por la margen izquierda del río, quedando más a la izquierda la Sierra de Pármede y a la derecha el extenso hayedo que cubre toda la sierra.

Bajando a Polvoredo por el Camino de Pío en el valle de Becenes.

Más abajo cruzamos el río y enlazamos con el camino que baja por el valle Muñenes. Ambas riegas forman el río Grande o de la Puerta que, en Polvareda, se unen con el Calveto para verter conjuntamente en el Sella. Cruzamos una portilla y accedemos a los prados cercanos al pueblo que dan paso a las casas de la aldea de la que partimos 7 horas antes.

Lorenzo Sánchez Velázquez



















miércoles, 29 de octubre de 2014

Circular por el Monsacro

Salida y llegada: La Collá (en el concejo de Morcín) 

Distancia: 10,5 km
Duración: 3:30 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas:
830 m 
Altura Inicial y Final:
400 m 
Altura máxima:
1057 m 
Fecha de realización:
26/X/2014
Dificultad:
baja
Track de la ruta



Camino por la Cuesta de la Magdalena
Embalse de Alfilorios desde la subida al Monsacro

Descripción
El centro del concejo de Morcín está dominado por la gran mole caliza del Monsacro que, a pesar de su escasa altitud, emerge como los muros de un castillo, protegiendo los ricos pastos de altura y las capillas medievales de La Magdalena (de Abajo) y de Santiago (de Arriba) declaradas Monumento Histórico Artístico.
Son varios los caminos de subida a esta impresionante atalaya. Por la ladera norte serpentea el de la Llorera o Pastrana, también llamada Cuesta de la Magdalena por donde, según la leyenda, se subieron las reliquias del Arca Santa traídas de Jerusalén, para protegerlas de las razias musulmanas en los primeros tiempos de la Reconquista. La vertiente sur tiene tres puntos de acceso. El más empinado es el más occidental y sigue la canal situada entre La Fayona y el Cuitu Romiru. La Senda Grandariella está situada hacia la mitad entre esta última cima y el Pico Marieyu. Finalmente el acceso más oriental y cómodo es el Camino del Cintu por donde discurre la pista apta para vehículos todoterreno que se sube desde Los Llanos.

Vega de las Capillas. Al fondo la de Santiago.

Aunque La Collá se encuentra en el concejo de Morcín, la forma más rápida de llegar es por la AS-231 que sale de la N-630 en el kilómetro 40,5 en dirección a Riosa. A los 3 kilómetros, una vez pasada la aldea de Las Mazas, seguimos por carretera MO-3 que, en poco más de un kilómetro, nos deja en el alto de La Collá. A 100 metros de las dos casas de la aldea situadas a ambos lados de la carretera hay un pequeño aparcamiento justo al lado del panel que marca la ruta.

Laguna y Ermita de la Magdalena.

Entre castaños y avellanos iniciamos la ruta por el Camino ancho de La Madalena. Enseguida se empina, cruza una portilla, pasa bajo el tendido eléctrico de la red de alta tensión que atraviesa, inexplicablemente, el macizo y, cuando el dosel arbóreo desparece, se retuerce para seguir ganando altura hasta alcanzar la segunda torre del tendido eléctrico. Aquí finaliza el camino ancho. Sigue una sinuosa senda que vence lo más empinado de ladera, pasando al lado Silla del Obispo (pequeña peña llamada así porque según cuenta la leyenda en ella se sentó a descansar el obispo Toribio cuando subió las mencionadas reliquias) y termina en la tercera torre de alta tensión. Hasta aquí llega otro camino ancho que accede al macizo por la ladera sur y da servicio a la citada torreta. Lo seguimos. Pasamos al lado de dos grandes y solitarios espinos que dan paso a la Vega de las Capillas, finalizando así la dura remontada que nos ha hecho ascender 450 metros en apenas dos kilómetros.

La Foz en el valle. Picos Garcillero, Peña Manteca y Llosorio

La vista se abre a la extensa vega en cuyo centro hay un estanque. La Capilla de Abajo o de la Magdalena del siglo XIII se encuentra a la derecha sobre un montículo. Es de estilo románico tardío, tiene planta rectangular y un ábside en la cabecera. En su altar tiene una imagen de la Magdalena.

Sierra del Aramo desde el Cuitu Romiru.

Al otro lado de la vega se ve la Capilla de Arriba o de Santiago situada sobre la ladera norte del pico Marieyu. Para llegar hasta ella abandonamos el camino ancho y seguimos por la campera hasta enlazar con una senda que, enseguida, nos deja en la capilla. Tiene una curiosa planta octogonal poco frecuente con ábside semicircular. Espineras y carrascos en la preciosa vega herbosa, el cielo reflejado en la lagunilla central, la Ermita de Abajo sobre el montículo y, al fondo a lo lejos, Oviedo.

Seguimos la ascensión por la vallina herbosa hasta el Collado La Muezca situado en el mismo borde meridional del macizo. La vista se abre al sur hacia el Barranco de Otura, el Aramo y un pequeño sector de la Cordillera Cantábrica. Del collado baja la senda Grandariella por la que descenderemos más tarde. Antes hay que alcanzar los picos Cuitu Rominu y Fayona.

Cuitu Romiru desde La Fayona.

Una senda remonta las peñas situadas al oeste. Nos guiamos por las marcas en forma de puntos amarillos que, enseguida, nos sitúan en lo más alto de la sierra. A la vista tenemos el Cuitu Romiru. No queda más que descender, pasando al lado de una estación meteorológica alimentada por un pequeño panel solar, hasta una pequeña pradera. El siguiente ascenso nos deja en el escaso balcón de la cima (1055 m) con vértice geodésico y buzón de montaña colocado allí por el grupo de montaña “El Civilu”.

Las vistas se acrecientan en todas las direcciones llegando por el este hasta los Picos de Europa en la misma línea que la aldea de la Foz y el cercano Llosorio. El valle del río Riosa se extiende hacia el sur y al oeste la Sierra del Aramo y La Mostayal ocultan todo lo que hay detrás. Muy cerca, en esa misma dirección, está la cumbre más alta del Monsacro, el pico La Fayona (1057 m). Entre ambas cumbres hay una vertical canal en la que vemos la senda de descenso.

Vista del Monsacro desde el sur: La Fayona a la izda y Cuitu Romiru en el centro flanqueando ambos la canal de bajada.
Bajamos del Cuitu Romiru y rodeamos la canal para ascender a La Fayona también llamado Llanu Villar, apenas unos metros de hierba que ocultan grietas y agujeros entre las piedras. Alcanzada la segunda cima con facilidad, encontramos allí un buzón de montaña colocado por el Club Alpino de Lugones. Las vistas son idénticas pero impresiona la atalaya colgada del Cuitu Romiru.

Regresamos por la misma senda a la colladina de La Muezca donde hay una pequeña arqueta rota. El descenso por la Senda Grandariella es sencillo. Tiene algún corto tramo armado y supera el fuerte desnivel mediante cuatro revueltas que nos encaminan, después, al oeste por encima de los límites de los prados de Los Llanos entre cotoyas. La senda finaliza en el collado La Covarriella donde hay buenos pastos comunales y algunas cabañas en el interior de los prados. Hasta aquí llega un camino que viene desde el área recreativa de Vía Pará cruzando el pico La Covarriella.

Camino que rodea el Monsacro por el este.

Nuestro camino ancho y hormigonado sale a la izquierda atravesando una barrera al lado de una cabaña en uso. Las vistas del frente sur del Monsacro con las torres de La Fayona, a la izquierda, y el Cuito Romiru a la derecha son impresionantes. Abedules y zarzas serán nuestros compañeros en el siguiente tramo del recorrido. La pista nos lleva hacia el sureste para girar bruscamente a la izquierda (obviamos el camino de tierra que sigue de frente) para bajar rápidamente entre los abedules cruzando el Barranco de Otura en la zona alta. Evitamos dos desvíos a la izquierda y desembocamos en la aldea de Los Llanos.

La Foz y valle de Riosa desde el camino que rodea la montaña.

Continuamos el descenso por la carretera MO-4 dando una gran revuelta a la derecha y otra a la izquierda para llegar a la primera casa de la aldea de Otura. Abandonamos la carretera y seguimos por la calle principal, a la izquierda, que sube dejando casi todas las casas a la derecha. La calle se transforma en camino que, entre avellanos, faldea los contrafuertes calizos del pico Llano los Bues (del Monsacro) en cuya base hay una gran cueva.

Al llegar a la zona despejada vemos la antena y el resto del camino hasta alcanzarla. Casi en llano, suspendidos sobre la aldea de La Foz, vamos caminando impresionados por el hermoso crestón de Peña Manteca que forma el desfiladero de La Foz con el espolón oriental del Monsacro en el que estamos encaramados. Al sur se extiende el valle y concejo de Riosa con su capital muy cerca. Al sureste el Cordal de Cuba (pico Llosorio) destaca.

Valle de La Figar entre el Garcillero y Manteca desde el crestón oriental. A la dcha al fondo el Llosoriu.

Alcanzada la antena en la cresta del espolón, la vista se abre al norte donde apreciamos el tramo final del río Riosa antes de ceder sus aguas al Caudal. La aldea de La Maza y la Peña los Reconcos que baja del Garcillero se sitúan en esa misma dirección.

La senda hace un corto y fuerte descenso mediante cuatro revueltas para continuar, más llana, adentrándose en un bosquete que deja a la derecha algunos prados como El Pradón. Poco a poco se ensancha. Al llegar a las primeras casas cruzamos una portilla que da paso a un camino ancho que, a su vez, nos deja en el barrio de El Carbayu (según lo llaman los mapas), hasta donde llega una calle asfaltada. La seguimos y en pocos metros desembocamos en la carretera MO-3 a su paso por La Collá.

Lorenzo Sánchez Velázquez





martes, 21 de octubre de 2014

El Susarón y el bosque de La Cervatina


Salida y llegada: Puebla de Lillo (en León) 
Distancia: 21,6 km
Duración: 6:30 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1050 m 
Altura Inicial y Final: 1137 m 
Altura máxima: 1878 m 
Fecha de realización: 18/X/2014
Dificultad: media
Track de la ruta






La salida de otoño del IES Rosario de Acuña de Gijón nos llevó esta vez a León para disfrutar del hermoso bosque de La Cervatina y subir al pico Susarón. La Cervatina es un bosque de hayas y tejos centenarios situado entre los arroyos Rebueno y Ruidosos al oeste de Puebla de Lillo. La zona más importante y sensible está vallada para impedir el ramoneo de herbívoros salvajes y domésticos favoreciendo así la regeneración natural de la tejeda. El Susarón es una piramidal mole caliza que domina el frente occidental de Puebla de Lillo y ya nos impresionó por su vertical silueta cuando hace dos años, también en otoño, visitamos por primera vez estos parajes para subir al pico Mahón. Esta vez decidimos completar el recorrido circular de La Cervatina hollando su cumbre.
 
 
Ermita de Pegarúas y Monte Celorno.

El viento del sur trajo a Gijón un verano retrasado en octubre. Sin embargo, nada más cruzar el puerto de San Isidro, los nubarrones que cubrían las cimas de las montañas nos metieron de lleno en el otoño. Llegamos a Puebla de Lillo hacia las diez y media de la mañana y aparcamos en su plaza mayor flanqueada por edificios antiguos ornados con escudos. La ruta del bosque de tejos de La Cervatina, etiquetada como PR-LE 28, comienza al otro lado de la carretera y del Río Silván. Está correctamente señalizada y un panel informativo nos explica su itinerario y lo más interesante que podemos ver en ella.
Otoño en La Cervatina.


Comenzamos a caminar siguiendo las marcas que nos llevan hacia el norte, en paralelo a la margen derecha del río, por un camino de tierra bueno y llano que sigue la vega del Silván. A la derecha, vamos dejando los prados de la vega y, a la izquierda, el Monte la Silva. Los colores del otoño impresionan nuestra retina: algunos cerezos y fresnos en los márgenes del camino van dando paso al cromático hayedo del monte que poco a poco vamos rodeando. La amplia curva nos permite virar al oeste hasta finalizar en un camino asfaltado que comunica la carretera principal con las minas de talco de La Respina situadas a unos 7 kilómetros. Seguimos por el asfalto unos 250 m y lo abandonamos, cuando la carretera gira a la derecha, continuando de frente por un camino de tierra que pasa, más adelante, al lado de la ermita y Área recreativa de Pegarúas (Pegarvas, según el mapa topográfico). Un corto desvío a la derecha nos lleva a la Ermita de la Virgen de Pegarúas del siglo XIV cuya romería se celebra el 12 de agosto. Situada sobre el barranco que forma allí el Arroyo de Respina, nos ofrece unas vistas extraordinarias sobre el bosque otoñal que cubre la ladera del Monte Celorno al otro lado del Arroyo Rebueno.

Susarón por detrás de la Peña la Solana.



Tejo en La Cervatina

Después de disfrutar de este hermoso paisaje, regresamos al camino principal que continúa hacia el oeste en paralelo al arroyo Rebueno por su margen izquierdo. Otro kilómetro de cómodo y llano paseo nos deja en el caserío y fuente de Fombea. Aquí, el ancho camino se empina y gira al sur, adentrándose en el hayedo que cubre toda la ladera norte y noreste del pico Mahón, donde se encuentra La Cervatina. De nuevo, el rico cromatismo otoñal de las hayas contrastando con el verdor de las matas de acebos y algún que otro roble albar, ralentizan nuestra marcha por las continuas paradas para inmortalizar el gran espectáculo de la naturaleza. Pero es sobre todo la gran variedad, cantidad y tamaño de las setas lo que más llama nuestra atención: amanitas, boletus, lepiotas, coprinus,… han salido por todos los lados después de este lluvioso otoño leonés. Más arriba, obviamos la desviación que sale a la izquierda y por la que regresaremos más tarde a Puebla de Lillo para completar el circuito. De momento, seguimos de frente por el camino que lleva al Collado Ferreras. Al poco, encontramos a la derecha el cercado del rodal de tejos y la puerta de acceso.

En su interior, los hermosos y antiguos ejemplares de tejo están esparcidos por toda la ladera y multitud de brotes nuevos y plantones casi tapizan el suelo garantizando así su regeneración. Hace un par de años recorrimos la tejeda del Sueve (una de las mejores de Europa con unos 8000 ejemplares) y no encontramos en todo el trayecto ni un solo brote de tejo (los gamos introducidos allí con fines cinegéticos en los años 60 del siglo XX y la ganadería se los comen apenas nacen). Algo debería hacer el Principado de Asturias para conservarlo.

Ladera occidental del Susarón

Regresamos al camino y continuamos la ruta hacia el sur. Poco antes de alcanzar el collado Ferreras, justo cuando el bosque da paso a los pastizales invadidos en parte por las escobas, sale a la derecha el camino que hace dos años nos llevó a la cima del pico Mahón, por la collada Tolibia. El collado Ferreras está situado entre los picos Mahón, al oeste, y Aparejo Pequeño, al este, y da vista al embalse del Porma. La ladera del Mahón, por la que entonces bajamos en paralelo a la alambrada que separa los municipios Boñar y Puebla de Lillo, sigue cubierta de escobas.

Subiendo a la arista del Susarón.

Desandamos el camino hasta el desvío situado después del cercado de La Cervatina y lo seguimos hacia el este como indican las marcas del PR. Sumergidos en el impresionante hayedo, con el suelo cubierto de setas de todos los colores, tipos y tamaños, y casi sin darnos cuenta, alcanzamos un collado situado a un kilómetro del desvío. Las peñas a la izquierda corresponden al Canto del Oso y nos proporcionan un claro en el bosque que aprovechamos para descansar y reponer fuerzas. Desde aquí nos vuelva a impresionar la piramidal silueta del Susarón que emerge por encima de la más cercana Peña de La Solana.
Llegando a la cima del Susarón.

Tramo final de la arista del Susarón.

Una vez que hemos dado cuenta de las viandas, proseguimos la ruta por el camino ancho, entre el tupido bosque de hayas, rodeando, más adelante, el barranco por el que se despeña el Arroyo Ruidosos que forma rápidos y cascadas de particular belleza. Alcanzado el collado que deja a la izquierda la Peña de La Solana, comienza el descenso. Enseguida llegamos a un claro donde el camino gira del este al norte para descender al valle recorrido por el Arroyo Patina. El grupo se divide en dos. Unos bajan por el citado camino, recorriendo el valle del arroyo Patina y después el del Celorno para llegar finalmente a Puebla de Lillo después de caminar otros cuatro kilómetros.

Los demás queremos alcanzar la cima del Susarón. Para ello seguimos el camino ancho que sale de la parte más alta de la campera. Enseguida se divide en dos y continuamos por el de arriba que sube hasta la Collada de Barbadillo dando vistas al sur (Embalse del Porma). Aquí termina el camino ancho y seguimos por una senda que rodea por el norte la sierra dejándonos finalmente en el collado que da acceso al pequeño valle de El Pradico situado en la base de la cara occidental del Susarón. Un pilón con caño de abundante agua riega el valle. Para subir al pico nos encaminamos a una senda con hitos que nos lleva por la arista noroccidental de la montaña. La subida es dura pero sin problemas. Remontamos 450 metros por la arista, dando vista a Puebla de Lillo, hasta alcanzar la antecima. Unos pasos por la cresta, rodeando unas peñas por la derecha, nos dejan en la cumbre donde hay un vértice geodésico.
Embalse del Porma desde el Susarón.

Montes en torno a San Isidro desde el Susarón.

Pileñes, Peña Ten y Macizo del Mampodre desde el Susarón. Aldea de Redipollos abajo en el centro.

Al norte encontramos las montañas cercanas al Puerto de San Isidro: picos La Cuerna, Agujas, Toneo, Ausente, Rapaína o San Justo. Sólo se ve la cresta del Tiatordos que da paso al cercano Pico Lago o Pinar, al que siguen, al noreste, las cumbres de Pileñes y Peña Ten, el Macizo Occidental de los Picos de Europa, el Macizo del Mampodre, el pico Yordas que nos tapa Riaño, las impresionantes Peñas Pintas y la enorme mole del  Espigüete en Palencia. Al oeste, entre otros, vemos el cercano Mahón y las verticales peñas del Bodón y Coto Cabañas.

Puebla de Lillo con zoom desde el Susarón.

Descendemos por el mismo camino hasta El Pradico. Después continuamos por una senda que se dirige al norte y desciende por la canal que forma el propio Susarón con la modesta peña del El Piñuelo, situada al oeste. La canal nos deja en los pastos de La Tejera muy cerca del valle de La Patina por donde pasa la pista principal, asiento del PR LE 28. El camino y el valle desembocan en el Valle Celorno regado por el arroyo del mismo nombre. Cruzado el arroyo por un puente, el camino nos deja finalmente en Puebla de Lillo después de caminar más de 21 kilómetros y acumular más de 1000 metros de subida.


Lorenzo Sánchez Velázquez






sábado, 11 de octubre de 2014

Cabezo Llerosu (Lloroso) desde La Molina

Salida y llegada: La Molina (en el concejo de Cabrales) 
Distancia: 17,4 km

Duración: 7:30 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1560 m 
Altura Inicial y Final: 340 m 
Altura máxima: 1794 m 
Fecha de realización: IX/2013
Dificultad: media-alta
Track de la ruta

Entre el collado Llinares y Cabezo Llerosu




















Puente de Pompedro sobre el río Casaño
La carretera AS-114 que va de Cangas de Onís a Panes pasa por el Alto de Ortiguero. Al comenzar la bajada del puerto sale una estrecha carretera que, en 2,5 km, nos deja en aldea cabraliega de La Molina. Son muchos los que vienen a este lugar para practicar el barranquismo en las turbulentas aguas del encajonado río Casaño. Aquí comenzamos esta espectacular y larga ruta que nos llevará a la incomparable atalaya del Cabezo Llerosu: las vistas de los picos de Europa en sus tres macizos son de las mejores que se pueden encontrar en Asturias.

El camino sigue la dirección de la carretera entre las casas del pueblo, dejando a la izquierda la Ermita de la Virgen de la O. Continúa, empedrado y en descenso, buscando el curso del Casaño cuyas revueltas aguas se estrellan contra las rocas produciendo un salvaje murmullo en el fondo del frondoso barranco.
Venta de El Coterón y "foz" entre los cuetos Tamañán y El Pandu


Majada Ceribios. Ladera de Peña Ruana (izda) y Cabeza Prada (dcha).

Enseguida encontramos una bifurcación y un pequeño puente de piedra; el Puente de Pompedro. El camino de la derecha continúa río arriba por su margen izquierda hacia los prados El Sitiu y El Escobio. Cruzamos el río y nos adentraremos en una foz que forman los cuetos de Tamañán y El Pandu, por donde discurre el Arroyo Voluga. Caminamos por la senda cobijados bajo la agradable sombra de robles, fresnos y castaños, en continuo ascenso, hacia el sureste, hasta alcanzar el herboso Collado Pando. En este punto, el camino vira al sur para acometer la Cuesta Pando entre cotoyas y helechos. Más arriba, en una zona herbosa, parece perderse, pero continúa después rodeando el tapizado montículo (helechos y cotoyas) de El Coterón por su ladera este.

Nada más alcanzar hombro de la montaña, unos caballos que pacen allí acuden raudos a nuestro encuentro confiando en recibir alguna dosis de su necesitada sal común. La ascensión da una corta tregua. Encontramos una solitaria cabaña de piedra labrada en buen estado que, según parece, en su tiempo fue venta en donde los ganaderos podían descansar antes de acometer las duras rampas del camino de subida a las brañas y majadas más altas donde pastaban los animales durante el verano.
Desde la majada El Jascal, valle y peña El Jascal

Nada más pasar la venta, comienzan las revueltas en herradura del camino que permiten salvar el fuerte desnivel que da paso a las camperas de altura. Pasado el primer tramo de mayor pendiente, la senda nos lleva a unas pequeñas praderías en cuesta que, una vez cruzadas, nos dejan en el Colláu Las Juentes. Aquí  comienzan las feraces majadas y prados de altura en donde aún hoy podemos encontrar en verano una abundante cabaña ganadera. Según llegamos, a la izquierda, encontramos Las Brañas y a la derecha sale el camino que lleva hasta la de Redondiella que sólo vemos a lo lejos. Algo más arriba está el Colláu Llinares que, a su vez, da acceso a las principales majadas de la zona: enfrente está Brañaredonda, donde aún se mantiene en pie una casa de dos plantas (queda algo lejos de nuestra ruta y sólo la vemos de lejos). Pero a la izquierda, hacia el este, arranca un valle mucho más profundo que contiene otras: la cercana Majada Ceribios, que en su día debió ser de las más grandes, está en completa ruina; no queda ninguna cabaña entera, la mayoría de los techos se han hundidos y las paredes casi caídas. Sólo quedan en pie algunas cuevas artificiales con entrada en dintel y cubierta de piedra en falsa bóveda recubierta de tierra para un mayor aislamiento que quizás sirvieran para conservar el queso.
 
Peña del Cabezo Lloroso (tramo final).

Siguiendo el valle en dirección sureste encontraríamos los restos de la de Salinas con unas pocas cabañas arruinadas. Pasaremos por ella a la vuelta. Ahora, sin embargo, y a unos 200 metros después de la última majada, abandonamos el valle remontando una franja herbosa que, sin sendero marcado, se dirige hacia el sur hacia una hondonada que bordeamos para alcanzar, más arriba, otra senda que, siguiéndola, nos deja en la bella Majada del Jascal (1450 m). Está situada en un montículo separado por un vallecito herboso de los derrumbes verticales de la enorme peña del Jascal. El vallecito sigue la dirección este en paralelo a la gran cresta rocosa del Jascal y por él discurre el arroyuelo o río Jascal. Para acceder a él, descendemos unos metros hasta el valle donde encontramos bastantes vacas paciendo. Continuamos por el valle que, al final, nos deja en la misma base del Cabezo Llerosu. Si siguiéramos por la franja herbosa, tras un corto descenso y posterior remontada, alcanzaríamos el Jorcáu Los Gües, que nos permitiría subir a la peña por la ladera sur. Sin embargo, la ladera este, donde nos encontramos (Becerrera del Jou 1619 m), tiene un sendero que permite una fácil subida hasta la arista norte que da acceso a la cumbre tras dejar a la izquierda un gran jou (hay que pasar sobre unas peñas). También se puede rodear el jou por el otro lado y alcanzarla con mayor facilidad.

Macizo Occidental desde el Cabezo Lloroso.

Las vistas de los tres macizos de los Picos de Europa son espectaculares: del central sólo nos separa la profunda grieta del Cares y de las grandes cimas del occidental, donde nos encontramos, los lagos Enol y Ercina, que no se ven y un sin fin de cuetos, jous y majadas. Las vistas panorámicas con los nombres de las cimas se encuentran publicadas en el libro Recorriendo las montañas de Asturias, cuando describimos las vistas desde el cercano Jascal.

Macizo Central desde el Cabezo Lloroso.


Camino empedrado cerca de La Molina

La bajada la hacemos rodeando el gran jou cumbrero por la derecha para continuar el descenso por la ladera norte, casi sin senderos ni marcas. Buscamos los pasos donde la inclinación es menor pues hay mucha piedra suelta que ralentiza el descenso. Esta ladera es más inclinada y larga que la de subida porque el fondo del valle donde vamos a parar, el Jou de las Teyeras tiene menor altura (1452 m). En el jou encontramos un sendero que nos saca del hoyo y continúa hacia el siguiente donde se sitúa la Vega las Cuerres y la Majada Salinas. Continuamos por la senda a media ladera, sin alcanzar el fondo del valle, hasta llegar al punto donde remontamos hacia la Majada del Jascal. Un poco más adelante está la de Ceribios donde paramos a hacer fotos. No nos queda más que desandar el camino de ida hasta llegar a La Molina.

Lorenzo Sánchez Velázquez