viernes, 12 de septiembre de 2014

Mayá Solafoz, Los Collaos de Pandellanza y Mayá Maciédome

Salida y llegada: Sobrefoz (en el concejo de Ponga) 
Distancia: 19,5 km

Duración: 7:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1300 m 
Altura Inicial y Final: 645 m 
Altura máxima: 1714 m 
Fecha de realización: Septiembre de 2013
Dificultad: media
Track de la ruta


Mapa de la ruta

Salimos de Sobrefoz, bajando por la carretera que lleva a Abiegos. Nada más cruzar el río Ponga, la abandonamos en el giro que da a la derecha, siguiendo el antiguo camino empedrado que sigue de frente y obviando la ancha pista que sale a la izquierda y sigue en paralelo al curso del río por su margen izquierda. Más arriba desembocaremos en ella.

Iglesia parroquial de Sobrefoz

El camino antiguo se dirige, como nosotros, a la Mayá de Solafoz situada en la ladera oriental del extenso collado de Pandellanza, que, a su vez, está limitado por los picos Maciédome, al sur, y Tiatordos, al norte. El musgo y los helechos tapizan los cierres de fincas, mientras el camino remonta la empinada ladera. Enseguida dejamos a la derecha la Cueva la Llosa (gran oquedad con buenas vistas de Sobrefoz). Entre la exuberante vegetación que bordea el camino, hay algunos claros desde donde se obtienen magníficas vistas del crestón que baja del Recuencu y de la Sierra de Aranga. El duro remonte suaviza su inclinación poco antes de llegar al collado Calviado donde el camino desemboca en la pista a la que antes aludimos.
Camino antiguo a Solafoz.

Sobrefoz y Sierra de Aranga

Seguimos de frente por la pista dejando a la izquierda magníficos prados con cabañas en buen estado. Un kilómetro y medio más adelante, cuando la pista gira a la izquierda y cruza el arroyo Solafoz, la abandonamos para seguir por un camino umbrío y embarrado que sigue la margen derecha del arroyo. Las hayas con sus troncos recubiertos de musgo, los helechos, el vapor de la evaporación de una soleada mañana, dan al paisaje el encanto de un cuento de hadas. Al final de este mágico kilómetro llegamos a la abandonada mayá de Solafoz: sus cabañas en ruinas con los tejados de llábanas casi ocultas por la vegetación dan fe de lo que en su día fue una magnífica majada de altura. Aún queda una pequeña zona de pastos por donde merodean las pocas vacas de carne que pastan estos lares. Aquí termina el camino.

Recuencu desde la Mayá Solafoz.

Cabaña en la Mayá Solafoz.

Para seguir hasta el extremo más septentrional del collado Pandellanza, hay que continuar por el sendero que sale de la parte más alta del pastizal, en paralelo al reguero y al borde del bosque. Primero por su margen derecho, después por el izquierdo; a veces parece perderse, más adelante lo reencontramos siempre en paralelo al arroyo; da algunas revueltas para vencer las zonas más empinadas de la subida,… Al llegar a un claro tapizado de helechos, perdemos la senda y seguimos por donde podemos, buscando las zonas más despejadas, con menor inclinación y sin alejarnos del reguero. Al fin, a  pocos metros del collado, lo reencontramos entre unas matas de escobas (las únicas que hemos visto hasta este momento). En este punto del collado hay un claro y un hito que señala el límite de los concejos de Caso, al oeste, y Ponga, al este. Las vistas se extienden hacia el oeste (picos La Senda y La Carasca); la gran mole del Tiatordos nos impide ver más. Al este: algo de los Picos de Europa, el Recuencu y el Colláu Zorru.


Subiendo duramente a los Colláos de Pandellanza.

Seguir el lomo de tres kilómetros de collado Pandellanza es una delicia: un bosque de hayas lo cubre completamente, incluyendo sus laderas oriental y occidental. La senda sigue en su mayor parte por el lado casín, dejando a la izquierda algunos pequeños montículos. Bajo el acogedor cobijo de las hayas, el camino está completamente despejado y conserva las marcas antiguas del PR AS- 65  “Cordal de Ponga” y algunos puntos rojos. La placidez del lugar es impresionante. Encontramos un gran roblón seco de bastantes metros de diámetro (Reboyu l’Osu) y un poco más adelante otro no tan grande pero con algunas ramas aún verdes y su tronco interior quemado.

Reboyu l’Osu en Pandellanza.

Llegamos al final del collado en el punto al que los mapas llaman Pandellanza (1471 m) a los pies del cerro calizo de la Xerra el Vallín. La senda rodea el crestón calizo por el lado pongueto, remontando después hacia la divisoria de concejos. Intentamos seguir de frente, al sur, para subir a la Peña’l Quemáu que da acceso a la cresta del Maciédome, pero lo encontramos completamente cerrado. Así que continuamos por la senda que traíamos hacia el cercano colláu Llagu (1533 m) donde quedan los
restos de lo fue magnífica majada. El collado es un cruce de caminos: al norte sigue el que lleva a la cabaña moderna del Recuencu y a la foz de Congostín (por donde descendimos otra vez cuando subimos al Maciédome), al sur sigue el que lleva a la cumbre del Maciédome remontando su la ladera suroccidental y hacia el este asciende una senda que seguimos. En su punto más alto podemos abandonarla para remontar hacia el sur por la cresta del Maciédome. Pero en esta ocasión no tenemos tiempo para acometer la cima; aún debemos comer y visitar la magnífica majada Maciédome.

Tiatordos desde el collado Llagos

Desechada la subida al pico, seguimos la senda descendiendo hacia el este. Pronto se bifurca: un ramal sigue hacia el noreste por el hayedo, en paralelo al arroyo Solafoz y finaliza en la maya de Solafoz; el otro, por el que seguimos, se dirige al sureste, dejando a la derecha la vertical cresta norte del Maciédome y nos deja a los pies de una empinadísima canal herbosa. De lejos parecía imposible subir por ella; pero la senda se retuerce en unos palmos de terrero venciendo el fuerte desnivel hasta alcanzar el collado Llampes (un ganadero nos dijo que ellos lo llamaban El Chozu). Se trata de superar el lomo noreste que baja del Maciédome y nos permitirá llegar hasta la majada homónima.

Canal de acceso al collado Llampes (El Chozu)

A la izquierda queda una pequeña cresta rocosa, la Peña Llampes, donde comemos con buenas vistas. A la derecha vemos la escarpada cumbre del Maciédome y su enorme y afilado crestón sur. El bosque de Pandellanza se extiende a nuestra espalda por donde antes caminamos y termina a los pies del enorme Tiatordos. A su izquierda vemos el Campigüeños, La Senda y La Carasca.

Vista del Recuencu y Colláu Zorru desde la Peña les Llampes. Al fondo Picos de Europa

El fácil descenso por la otra ladera (debemos perder unos 300 m) hasta Mayá Maciédome, la hacemos siguiendo el sendero o atajando directamente por la pradera, dejando a la derecha los contrafuertes y pedreros que caen de la enorme cresta. La majada, protegida de los húmedos vientos de poniente por el gran crestón antes señalado, tiene unas vistas magníficas hacia el este: Picos de Europa, Recuencu y Colláu Zorru. Al sur se superponen las peñas Pileñes y Ten. Tiene buenas casas rectanguales, ahora abandonadas, pero de buena fábrica: con paredes bien aplomadas, tejados de llábanas en buen estado, puertas y ventanucos con jambas y dinteles de perfecta hechura. Debió ser una majada rica: grandes pastos rodeados por el bosque, al este, y protegidos por el crestón antes aludido al oeste.

Recuencu y Colláu Zorru desde la Mayá Maciédome.

 
El descenso hacia la Faeda, en el camino de Ventaniella, la hacemos por el bosque Llampes de Maciédome. Un sendero, apenas dibujado en la hierba, nos permite un suave descenso siguiendo la dirección norte hasta alcanzar el bosque. No se debe realizar un descenso directo ladera abajo; desde las últimas cabañas se gira hacia la izquierda para adentrarse en el bosque. La senda clara nos permite, ahora, un cómodo descenso durante el siguiente kilómetro bajo el frondoso ramaje de las hayas hasta alcanzar el hombro de la montaña. Descendemos directamente por él unos metros hasta toparnos con un camino ancho en la zona de El Rebollu.

Bajando a La Faeda por el Monte Robléu.


El camino da 6 ó 7 revueltas permitiéndonos perder altura con facilidad, siempre en medio del hayedo que cubre la empinada ladera, hasta alcanzar la zona de prados, justo después de la última revuelta. Al llegar a la zona baja, cerca del río, encontramos un camino que sale a la izquierda y nos llevaría a la carretera que va a Ventaniella más cerca de Sobrefoz. Sin embargo, preferimos el principal que, poco más adelante, cruza el río Ponga por un puente y nos deja en la misma carretera a la altura de La Faeda. Esta magnífica casona está completamente restaurada, se llama ahora Venta Aurora y es una casa de turismo rural.
Seguimos por la carretera hacia el norte otros tres kilómetros y medio de agradable paseo disfrutando de la vista del bosque por el que hemos bajado y de los prados que se interponen (al oeste). Del este caen los derrumbes verticales del Colláu Zorru y del Recuencu que dejan entrever, entre ambos, la estrecha Foz de Enol, por donde hemos bajado en otras ocasiones al subir a estos picos. Cerca Sobrefoz tomamos el camino a la izquierda que desciende a la aldea completando esta magnífica ruta por unos de los mejores hayedos de Asturias. Terminamos la ruta con unas cervezas en Casa Benigna en la misma plaza de Sobrefoz.

Lorenzo Sánchez Velázquez

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Picos Gildar y Cebolleda. Circular desde Panderrueda

Datos de la ruta
Salida y llegada: Puerto de Panderrueda (en el Parque Nacional de los Picos de Europa en León) 
Distancia: 17,4 km

Duración: 6:30 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1000 m 
Altura Inicial y Final: 1463 m 
Altura máxima: 2078 m 
Fecha de realización: 6/IX/2014
Dificultad: media
Track de la ruta



Los Picos Gildar y Cebolleda se encuentran en el límite meridional del Parque Nacional de los Picos de Europa; de hecho, junto con Peña Gabanceda, son las cimas más altas de ese frente sur. A sus cumbres se puede acceder desde el Puerto de Panderruedas situado al norte o desde las aldeas de Cuénabres y Casasuertes, al sur.

Un viaje de 2:15 horas desde Gijón siguiendo el curso del río Sella a través del hermoso desfiladero de los Beyos, cruzando más adelante el puerto del Pontón, nos deja en el amplio aparcamiento de Panderrueda. Se encuentra dicho puerto a una altura de 1463 metros cerca de Posada de Valdeón y tiene un área recreativa con vistas espectaculares de los Picos de Europa.

Pico Camborisco y merendero en Panderrueda.


Del mismo puerto sale hacia el sur la antigua carretera de piedra, reconvertida hoy en el itinerario PR PNPE 11 Ruta Panderruedas-Posada de Valdeón. Discurre toda ella bajo el dosel de un hermoso hayedo y cruza el río Cares muy cerca de su nacimiento. Otro camino sale del mismo puerto hacia el suroeste siguiendo la loma de la montaña en paralelo a la carretera adentrándose en el hayedo. Camino de suave pendiente, flanqueado por el hermoso bosque, donde encontramos, además de las hayas, algunos grandes robles, acebos, abedules y servales. En algunos lugares cerca del camino o de algunos claros encontramos mucho brezo, arandaneras y algunas escobas. Siguiendo este camino avanzamos, mientras a nuestra espalda, entre el follaje o en algunos claros, se dejan ver las inmaculadas cimas de los macizos Occidental y Central de los Picos de Europa; blancura caliza lejana en contraste con el verde cercano.

Macizo Occidental desde cerca del Collado de la Vieja.

Al cabo de un kilómetro un desvío a la derecha, que obviamos, lleva hasta una caseta con antenas. Nuestro camino, siempre hacia el sur, desciende unos metros hasta el Collado de la Vieja que enlace con la siguiente montaña, el Pico Alto, que flanqueamos por la derecha. El camino se ha convertido en senda y poco a poco nos lleva al final del bosque. En este punto el brezal lo invade todo a nuestro alrededor y el camino se empina hasta alcanzar las Cerras de Cuénabres (1747 m). Pero la ausencia de árboles nos ofrece en cambio hermosas vistas: así apreciamos que estamos sobre una cuerda montañosa que separa los valles de la Iglesia a nuestra derecha, al oeste, y Frañana, al este. Enseguida llegamos al collado Sotres (1740 m) que nos permite apreciar en toda su extensión el hermoso circo glaciar de Frañana, nacimiento del río Cares, rodeado por los picos Peña Pequeñina, Cebolleda y Gidar, al sur, las Cerras de Cuénabres al oeste y Serolla al este. Una manada de rebecos pacen en el fondo del valle ajenos a nuestra presencia.
Circo glaciar del Valle de la Iglesia.

Circo de Frañana y picos Gildar y Cebolleda.

Después del collado, toca remontar la empinada ladera cubierta de brezo, arandaneras y enebros rastreros, que nos lleva a la cima del cordal de la Sierra Cebolleda. La mirada se abre hacia el sur: en el valle de Franisquera vemos la aldea de Cuénabres, en el de Cosoya está Casasuertes, que no vemos. Muy lejos, en Palencia, encontramos la enorme mole del Espigüete.

Una diminuta senda nos guía por la misma cumbrera del cordal hacia el este. Pasamos por los crestones rocosos de Peña Pequeñina (1883 m) unas veces por su misma cresta o ligeramente por debajo otras, hasta llegar al collado situado en la base noroeste de Peña Cebolleda. El último tramo de subida entre el brezo rastrero nos deja en la cima de esta agreste cima (2054 m). La vista se extiende hacia el este: la cercana cima del Gildar y Peña Gabanceda o el Coriscao más lejos, se dejan ver ahora.

Gildar y Cebolleda desde Peña Pequeñina.

La cresta de Peña Cebolleda es muy aérea y extremamos las precauciones. La senda nos guía por su cima, empleando las manos en los tramos más comprometidos, con caídas verticales a ambos lados, hasta descender al collado Cebolleda. No obstante, podríamos haberla evitado si hubiéramos retrocedido al collado NO de la cebolleda, bajando después al valle de Frañana, al norte, para rodear la peña y subir al collado Cebolleda. Desde el collado la senda vence un desnivel de unos 80 metros para acceder a la precumbre de la cercana Gildar (2078 m). Un corto llaneo nos deja junto al vértice geodésico que corona la cima más alta de esta sierra.

Desde la cima de la Peña Cebolleda vemos a la izda el Gildar y a la dcha la arista que debemos recorre para llegar a él.

Desde el Collado Cebolleda miramos hacia atrás para ver la arista por la que hemos bajado de la Peña Cebolleda.

Los macizos Occidental y Central de los Picos de Europa brillan desde el sur. Sus altas cumbres, crestas y agujas calizas con sus vetas rojizas que dan nombres (Torre Bermeja, Horcados o Coteras Rojos, etc) impresionan como iridiscentes brillantes sobre un fondo de paisaje siempre verde y ocre.


Llegando a la cima del Gildar coronado (a la izda) con un vértice geodésico.

Macizo Central desde el Pico Gildar.

Macizo Occidental desde Gildar.

Reponemos fuerzas y continuamos la ruta descendiendo por la tupida ladera norte (brezos y arándanos de nuevo) de Peña Gildar. Más abajo, la sendilla desciende entre grandes bloques de piedra hasta alcanzar la Horcada Cable (1888 m), entre la Gildar y la Serolla.

Podríamos descender al valle de Frañana y seguir el curso del Cares hasta la antigua carretera a Posada de Valdeón que en poco tiempo nos dejaría de nuevo en Panderrueda. Pero nuestro objetivo es más amplio. Queremos visitar el contiguo circo glaciar del valle Cable y recorrer un tramo mayor de ese antiguo camino. Por eso desde el collado descendemos al citado valle, al este. Diversas hondonadas con rocas pulidas y redondeadas dan fe del origen glaciar de este hermoso valle rodeado por la Gildar al sur y oeste, las Verdes de Cable, al sur, y la cuerda oriental que contiene a los picos Anzo y Peña Quebrada.


Valle de Cable con Peña Gildar al fondo.

En el fondo del valle murmura el arroyo Cable, hay restos de chozos, un refugio y un chozo en buen estado al otro lado del regato. Un camino ancho sigue el curso del arroyo por su margen derecho, hacia el norte, al encuentro con el Cares. Vamos dejando al lado las hermosas laderas rocosas de la Horcada del Oro o Peña Quebrada con sus tonos ocres y rojos y sus retorcidos pliegues. Las verdes praderas dan paso, más abajo, al hayedo que nos sumerge de nuevo en sus entrañas para desembocar en el antiguo camino a Posada (1300 m). Viramos en dirección oeste para seguir el PR PNPE 11 hacia Panderrueda.

Puente sobre el río Cares en el camino antiguo a Posada de Valdeón

Enseguida cruzamos el arroyo Cable por un puente. Continuamos el descenso otro kilómetro y medio más hasta llegar a la cota de los 1240 m. Ahora toca una suave y mantenida subida venciendo un desnivel de más de 200 metros que nos lleva a pasar por una riega primero, después por el primer puente de piedra que cruza el río Cares y, finalmente, por la riega Brañueca. Al poco llegamos al Puerto de Panderrueda donde termina este hermoso circuito por los “limes” meridionales del Parque Nacional.


Lorenzo Sánchez Velázquez












jueves, 4 de septiembre de 2014

Peña Vieja y Torre de los Horcados Rojos

Datos de la ruta
Salida y llegada: Mirador de Lloroza ("El Cable") (Muicipio de Camaleño en Cantabria) 
Distancia: 16,2 km

Duración: 6:00 h (sin contar paradas) 
Subidas acumuladas: 1200 m 
Altura Inicial y Final: 1853 m 
Altura máxima: 2613 m 
Fecha de realización: 30/VIII/2014
Dificultad: media
Track de la ruta




Salimos de Gijón a las 8 de la mañana un día de verano con nubes y claros en la costa.  El día anterior unos amigos nos habían dicho que pensaban ascender a Peña Vieja en el Macizo Central de los Picos de Europa por lo que, sobre la marcha, cambiamos nuestro plan inicial de ir a Felechosa para subir al Retriñón y nos encaminamos a Fuente Dé. Llegamos a las 10:15 y el Sol reinaba a placer. Compramos los billetes del teleférico y, sin apenas espera, accedimos a la cabina de “El Cable” que, a las 10:30, nos depositó en el Mirador de Lloroza 800 metros más arriba (1853 m). Las primeras vistas impresionan: al oeste la afilada cima de Peña Remoña seguida de La Padierna y, entre ambas, las torres de Salinas y del Hoyo Oscuro que pertenecen a los Picos del Friero; de frente, a su derecha, el gran macizo que forman Torre Altáiz y el San Carlos que nos ocultan un sector importante del macizo; al fondo emerge la cumbre piramidal del Tesorero; a su derecha la Torre de los Horcados Rojos (uno de los objetivos del día) cuyo tono rojizo hace honor a su nombre, da continuidad a los Picos de Santa Ana formando una cuerda montañosa que finaliza en la cercana gran mole de Peña Olvidada, que a su vez nos oculta otro de nuestros objetivos: Peña Vieja. Por delante de Peña Olvidada apreciamos las afiladas Agujas de Tajahierro.



El camino ancho y llano avanza hacia el norte rodeando por la derecha las pequeñas lagunas de Lloroza en donde habita un rebaño de rebecos demasiado domesticados (tan acostumbrados están al paso de los caminantes que se dejan fotografiar a pocos metros). Enseguida llegamos a la Horcadina de Covarrobres (1933 m) situada bajo el murallón sur de Peña Olvidada y donde el camino se divide en dos: de frente, rodeando la peña por el este, sigue el que va a los Puertos de Áliva, y más allá siguiendo el río Duje, hasta Sotres; o baja desde los puertos a Espinama; a la izquierda continúa el nuestro que la rodea por el oeste y lleva al refugio de Cabaña Verónica y Horcados Rojos.



Pasada Peña Olvidada, el camino da una cerrada curva a la izquierda (La Vueltona) continuando más allá hasta las antiguas minas de Altáiz en la base del mismo pico. Precisamente el antiguo cable doble se instaló en 1903 en el Mirador de Lloroza para bajar la calamina (mezcla de varios minerales entre los que predomina el hidroxisilicato de cinc hidratado que contiene más del 54% de cinc) extraída de estas minas hasta Fuente Dé. El cable actual nada tiene que ver con el primitivo pero mantiene el nombre de “El Cable”. Nosotros continuamos de frente siguiendo las marcas del PR PNPE 23 (Ruta de Horcados Rojos) por una pedregosa y ancha senda que comienza a subir fuertemente y deja a la derecha los desplomes verticales de Peña Vieja y la Torre de las Coteras Rojas. Varias revueltas nos permiten ganar altura y apreciar, a la izquierda, la irregular hondonada del Hoyo sin Tierra donde se entremezclan las rocas de variados tamaños y formas y no se ve una brizna de hierba: piedra, piedra y más piedra, en este hermoso terreno cárstico, con sus lapiaces, “jous”, lenares y agujas.  Al llegar a la cota de los 2200 m, el camino se divide en dos: de frente, siguiendo las marcas del PR, va el que lleva a Cabaña Verónica y Horcados Rojos. Nosotros seguimos por el de la derecha que nos lleva a la canal de La Canalona situada entre los Picos de Santa Ana, a la izquierda, y la Torre de las Coteras Rojas, a la derecha. El camino tiene tramos armados que permiten salvar las zonas más escarpadas. Poco a poco la canal se va estrechando y el camino se empina hasta formar un embudo en la parte final bajo el desplome vertical de la Aguja de la Canalona, que a su vez se desgaja de los Picos de Santa Ana.

Canal de La Canalona.

Alcanzado el collado de la Canalona (2451 m) la vista se extiende hacia el norte llegándose a ver el mar. Más cerca en esa dirección está la Sierra de Juan de la Cuadra que sale del pico Tiros Navarro hacia el este. Desde el collado impresiona sobre todo la gran y empinada ladera de Peña Vieja, una de las cumbres más altas de la Cordillera Cantábrica. Sólo la superan en altura Torrecerredo, Llambrión y Tiro Tirso.

Aguja de la Canalona y Pico Santa Ana.


En el Collado de la Canalona giramos a la derecha para subir por la pedregosa ladera de las Coteras Rojas.

Según llegamos, a la derecha, está la pedregosa ladera de la Torre de las Coteras Rojas (2502 m), que decidimos subir mientras esperamos a los más rezagados. Son apenas 50 metros de desnivel que nos ofrecen  unas vistas espectaculares en todas las direcciones. Como son muy parecidas a las que se ven desde Peña Vieja, dejamos su descripción para más adelante.

De nuevo en la senda nos encaminamos hacia la esbelta mole de Peña Vieja.

Bajamos de las Coteras y por la senda llana nos encaminamos a la base de Peña Vieja. Debemos superar un desnivel de 180 metros para alcanzar la cima. La ladera se va empinando progresivamente y tiene mucha piedra suelta de variados tamaños: gravilla resbaladiza o pedruscos sueltos que pueden rodar ladera abajo. Hay que extremar las precauciones pensando sobre todo en los que están por debajo. A media ladera hay una peña que divide la canal en dos: cruzamos a la de la izquierda que ofrece una subida algo más cómoda y da paso al último tramo donde se vuelve a abrir, ofreciendo tramos de roca sólida con algo de gravilla y tramos de piedra suelta. Así alcanzamos la cima (2613 m) que nos ofrece como recompensa unas de las mejoras vistas del sector oriental de los Picos de Europa.

Por la pedregosa y empinada ladera de Peña Vieja unos suben y otros bajan.

En la cima de Peña Vieja.

Voy a realizar un recorrido visual circular comenzando por el suroeste en el sentido horario hasta el Macizo Oriental, al este. Solo citaré cumbres de los Picos de Europa, obviando otras como el Peña Ten y Mampodre, al oeste, o el Espigüete al sureste o Peña Sagra que, aunque están lejos, también se ven con claridad. Comenzamos con los Picos del Friero (Salinas, Torre del Hoyo de Liordes y Torre del Friero) que vemos detrás del Altáiz, Pico San Carlos y Torre del Hoyo Oscuro. Este cordal continúa con el Madejuno, Tiro Llago y Peña Blanca que se confunde con Tiro Tirso, quedando a su derecha el Llambrión. La gran cresta de la Torre de la Palanca da paso a Peña Santa y Los Traviesos (entre otros picos), al fondo, en el Macizo Occidental. Por delante de estos últimos encontramos la pirámide del Pico Tesorero al noroeste, al que siguen, acercándose a nuestra posición, la Torre de los Horcados Rojos, los picos de Santa Ana y la Torre de las Coteras Rojas. La Aguja de Bustamente se ve a la derecha de este cordal y la de La Canalona se desgaja de los picos de Santa Ana justo en la canal del mismo nombre por donde subimos.

Desde Peña Vieja hacia el oeste.

Por encima de los Picos de Santa Ana emergen Torres Coello, Torre Bermeja, Torrecerredo y Los Cabrones, cerrando el paisaje. La amplia collada de Santa Ana separa esos picos del Tiros Navarro y por encima, al fondo, vemos el solitario Pico Boada y la enorme Párdida. La cordal del Tiros Navarro continúa con la Horcada de Labaniego, La Morra y la Torre de las Colladetas. Entre estas últimas sobresale la inconfundible silueta del Urriellu ofreciéndonos su cara suroeste, la más fácil.  La cuerda sigue con Collada Bonita, la Aguja de los Martínez, las torres del Oso y del Carnizoso y finaliza en Peña Castil, al norte. Por delante vemos el solitario Cuchayón de Villasobrada. Al noreste se extiende la Sierra de Juan de la Cuadra en cuya ladera oriental se sitúan los Puertos de Áliva, extensos pastos recorridos por el río Duje y cerrados, al otro lado, por el Macizo Oriental, en el que apreciamos el Boru (sobre Sotres), Cueto Tejao, Valdominguero, Samelar (por detrás), Pica de Jierro, Morra de Lechugales, Cortés y Práu Cortés, completando de este modo el recorrido circular.

Continuación de la panorámica anterior mirando hacia el Urriellu.

Con las mismas precauciones que tomamos en la subida, descendemos de Peña Vieja y retrocedemos hasta la Canalona por donde bajamos, mientras una pareja escala la Aguja de la Canalona. Algo más abajo otra pareja se dirige a su base para iniciarla. Cuando la canal se abre nos tomamos un descanso para reponer fuerzas. El camino está concurrido y mientras damos cuenta de las viandas pasan más de 15 personas. También los grajos conocen bien las costumbres humanas y saben que les puede caer alguna sobra. En efecto, se nos acercan, compiten por un trozo de pan o de manzana, se lo llevan, vuelven,…

Bajando la Canalona.

Otro tramo de la bajada de la Canalona.

Reiniciado el descenso, llegamos enseguida al cruce donde retomamos las marcas del PR para dirigirnos a Horcados Rojos. Una ligera bajada y la siguiente subida nos dejan en el desvío al pequeño refugio de Cabaña Verónica, construido a partir de la cúpula metálica de una batería antiaérea procedente de un portaviones americano que se desguazó en Sestao en 1961. Obviamos la subida al refugio para seguir las marcas del PR que rodean por el sur la Torre de los Horcados Rojos llevándonos al collado homónimo situado en la accesible ladera oeste de la montaña. Las vistas desde el collado son impresionantes: al norte se extiende el Jou de los Boches y más allá el Jou sin Tierra, cercano al Urriello que ahora nos ofrece su paredes oeste y sur.

Subiendo a Horcados Rojos vemos la piramidal silueta del Pico Tesorero.

También el Refugio de Cabaña Verónica.

Estos “jous” están encerrados por Los Campanarios, Tiros Navarro y Picos de Santa Ana, al este, y por la cuerda que va desde el Tiro del Oso, Pico Boada, La Párdida y el Neverón del Urriello, al oeste. Los 160 metros que nos quedan para acceder a la cima de los Horcados Rojos se suben con facilidad. Su inclinación es menor que la de Peña Vieja, también es pedregosa y la senda tiene gravilla resbaladiza en muchos tramos. Un corto cresteo final nos deja en la cima, donde hay un viejo y pequeño buzón de montaña en forma de casita. Las vistas son espectaculares, quizás de las mejores en los Picos Europa. Los frentes sur y occidental son básicamente los mismos que los descritos desde Peña Vieja, pero ahora con las montañas más cerca. Al este vemos la misma cordal que va desde el Urriello hasta los Picos de Santa Ana, pasando por Los Campanarios y Tiros Navarro. A la derecha de los Picos de Santa Ana vemos la Aguja de la Canalona, más cercana y de menor altura, encontramos la de Bustamente; el collado de La Canalona da paso a la “bajita” Torre de las Coteras Rojas, a la enorme Peña Vieja, finalizando la cuerda en Peña Olvidada.
En el Collado de Horcados Rojos vemos la ladera de acceso a la Torre de los Horcados Rojos.

Llegando a la cima de la Torre de Horacados Rojos. Al fondo vemos Torrecerredo (izda), Pico Boada en el centro, La Pñardida y Neverón del Urriellu (ver fotos de más abajo).

Vistas desde Horcados Rojos hacia el Llambrión y Tesorero.

Continuación de la panorámica anterior hacia Torrecerrdo y el Neverón.


Después de disfrutar de estas vistas bajamos al collado y de aquí poco a poco retrocedemos por el pedregoso y duro camino. Los pies se calientan, las piedras se clavan en la goma de las botas y al final resulta pesado el descenso.

Puertos de Áliva, Macizo Oriental desde la Horcadina de Covarrobres.

Finalmente llegamos a La Vueltona donde retomamos la pista que nos deja en “El Cable”. Antes, subimos unos metros por el camino de Áliva para ver las magníficas praderas y el Macizo Oriental de los Picos de Europa, al otro lado.
Lorenzo Sánchez Velázquez